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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica (2do. Trimestre 2008)"

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Una evangelista joven 

Abril 12 Como Nicola English lo informó a Misión 



la 



Barbados 



[Pida a una joven o a una adolescente que 
relate este informe en primera persona] 

Yo crecí en Guyana. Cuando tenía 13 
años mis primos me invitaron a ir con 
ellos a la iglesia adventista. Me encantaron 
las reuniones y comencé a frecuentar los 
servicios de los sábados. Mi clase de la 
Escuela Sabática me tomó en cuenta en 
sus actividades, aunque no era miembro 
de la iglesia, y eso me hizo sentir bien. 

A mi madre no le importó que asistiera 
a la iglesia adventista, hasta cuando le 
expresé mi deseo de unirme a ella. 
Entonces rehusó darme permiso para que 
me afiliara a esa iglesia «rara». Cuando le 
dije que entonces tendría que elegir entre 
unirme a la iglesia o hacerme miembro de 
una discoteca, dejó de discutir conmigo y 
autorizó para que me uniera a la iglesia. 

Cuando mi familia se trasladó a la isla 
de Barbados, yo permanecí en Guyana 
con el fin de concluir mis estudios de pre- 
paratoria. Al visitar a mis padres los invi- 
té a la iglesia. Comenzaron a hacerlo, y 
dos años más tarde ocho miembros de mi 
familia se unieron a la iglesia. Mi papá 
nos aseguró que lo había hecho por causa 
de mi influencia. Quedé emocionada al 
comprender que mi testimonio y estilo 
de vida produjeran esa gran diferencia en 
sus vidas. 

Mis padres estaban orgullosos de mí 
por ser la primera de la familia en termi- 
nar la educación preuniversitaria. Pero 
cuando les conté que planeaba estudiar 
teología en la Universidad Adventista del 



Sur del Caribe, en Trinidad, mi madre 
pensó que me había vuelto loca. 

— ^Por qué teología? — preguntó. 

Le expliqué que me encantaba el evan- 
gelismo y que deseaba servir a la gente, no 
como un pastor, sino como misionera. 
Esto tocó el corazón de mis padres y me 
autorizaron para que estudiara teología. 

Una evangelista adolescente 

A mitad de mi segundo año de estu- 
dios, la iglesia en Barbados me pidió que 
viajara a la isla para dictar una serie de 
conferencias evangelizadoras de dos sema- 
nas. Eso me obligaría a faltar a clases 
importantes, pero sentí la convicción de 
que debía aceptar. 

Volé a Barbados un miércoles, y tres 
días más tarde — el sábado — comencé a 
predicar. Durante ocho días prediqué 
cada noche. En el día oraba con la gente y 
repasaba el sermón que predicaría al ano- 
checer. Era un trabajo agotador, pero fas- 
cinante. Descubrí que cuando predica- 
mos sobre cuánto nos ama Jesús y de lo 
mucho que ha hecho por nosotros, las 
personas que escuchan sencillamente se 
enamoran de él. Las doctrinas son fáciles 
de aceptar cuando la gente percibe el 
amor de Dios y ve los increíbles sacrificios 
que ha hecho para salvarnos. 

Pero también tuve que enfrentar 
momentos difíciles. Una tarde, antes del 
comienzo de la reunión, me sentí aplasta- 
da por la responsabilidad que Dios había 
colocado sobre mis hombros. Me senté en 



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el automóvil y lloré. Me sentía incapaz de 
continuar. Entonces escuché que Dios 
me decía: «No es tu reponsabilidad, 
Nicola. Lo que tú debes hacer es simple- 
mente pasar a la plataforma y dejarme 
hablar a través de ti». Esa aseveración me 
impartió el valor que necesitaba para 
entrar y enfrentarme con el público. 

En la sala pastoral les dije a los minis- 
tros: 

— ^Yo no predicaré esta noche. 

Un silencio pesado llenó el cuarto 
mientras los pastores se preguntaban qué 
habría sucedido. Luego agregué: 

— ^No predicaré esta noche ni ninguna 
otra noche. Dios será quien predique — y 
todos nos relajamos. 

Esa noche, mientras permanecía de pie 
en la plataforma escuchando mi voz pro- 
nunciar las palabras, estaba segura de que 
Dios era el que predicaba, no yo. Fue uno 
de los mejores sermones que he escucha- 
do, ¡y Dios lo estaba predicando a través 
de mis labios! 

Durante toda la serie reclamé la pro- 
mesa: «No con ejército, ni con fuerza, 
sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de 
los ejércitos» (Zac. A-.G). No se trataba de 
mí; yo sólo era la representante de Dios. 
Y como resultado de estas reuniones me 
he vuelto más cuidadosa de mi forma de 
vestir y de lo que digo. Quiero vivir para 
Dios de modo que todos vean a Jesús en 
mí. Dios me mostró que no era yo lo 
que importaba, sino que Dios debía ser 
exaltado. Me hace sentir muy humilde 
saber que Dios se valió de mí para con- 
ducir a muchos a los pies de Jesús. 
Hasta hoy más de 100 personas se han 
bautizado como frutos de estas reunio- 
nes evangelizadoras, y otros continúan 



preparándose para hacer lo mismo. 

Al bajar de la montaña 

Mientras teníamos las reuniones en 
Barbados me sentí en la cumbre de la 
montaña. Pero al regresar a la universi- 
dad, el diablo me esperaba para golpear- 
me cruelmente. Había perdido muchas 
clases y debía reponerlas. Una noche, al 
concluir un trabajo de investigación de 
diez páginas, la computadora se malogró 
y perdí todo el trabajo. Se había borrado 
totalmente. No me quedaba otra alterna- 
tiva que escribir de nuevo el documento, 
que debía entregar al día siguiente. Me 
molestaba pensar que Dios no hubiera 
protegido mi manuscrito. Pero mientras 
renegaba por mi problema, escuché que 
el Señor me decía: «Aquí estoy». De 
inmediato me puse a reescribir el trabajo; 
lo terminé en un par de horas, y al presen- 
tarlo obtuve una calificación excelente. 
Verdaderamente Dios estaba conmigo. 

El Colegio de la Unión del Caribe se 
transformó en la Universidad del Sur del 
Caribe en el año 2006. A partir de enton- 
ces la población estudiantil se ha duplica- 
do. Todo se ha vuelto insuficiente frente a 
las nuevas demandas. Los dormitorios 
están a reventar, y se hace muy difícil 
estudiar en esas condiciones. Pero nos 
esforzamos para sobreponernos. La uni- 
versidad ya comenzó a edificar dos dor- 
mitorios nuevos en el plantel, cuya con- 
clusión es prioritaria. La ofrenda de este 
decimotercer sábado permitirá la cons- 
trucción de un salón de culto en cada uno 
de ellos. Muchas gracias por ayudarnos a 
transformar estos planes en una bella rea- 
lidad para esta casa de estudios en 
Trinidad. 



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